Casi con rumbo desconocido y agenda tortuosa, el tercer y último debate presidencial se abre paso y empieza a concitar preocupaciones y especulaciones mil. No son baladíes los temas previstos por los encargados de organizar el encuentro, pero por su número y falta de jerarquía amenazan con volver la cita de Mérida otra frustrada miscelánea en cuyos archipiélagos y estrechos los contendientes encuentren refugio y pretexto para no afrontar lo importante y evadir lo urgente, las vertientes obligadas de todo debate en verdad dirigido a esclarecer los campos, los litigios y las posiciones políticas que puedan llevar al elector a decidir su voto.
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