jueves, 23 de marzo de 2017

LAS CASITAS DEL BARRIO ALTO

  • Diputados con sueldos oficiales modestos han encontrado la forma de construirse mansiones
Jorge Zepeda Patterson - El País
Se puede acusar a los políticos de muchas cosas, menos de no ser hogareños. Muchos de ellos han puesto en riesgo sus carreras con tal de hacerse de una casita para la familia. O bueno, de una casota y si pueden ser varias aún mejor. A la familia no se le escatima. La residencia en la Lomas para mostrar al mundo que ya no se es un pobre político (o un político pobre, que es igual según Hank González, uno de ellos); la casa de playa para evitar que esposa e hijos sufran penosas e indignas aglomeraciones en Semana Santa y navidades; la de montaña en pueblo mágico para la necesaria reflexión y recogimiento familiar. Y, desde luego, la de Miami o San Antonio, el plan B en caso del inevitable exilio que entraña la ingrata política.

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