- Ha llegado el momento de que Europa repare los fallos de construcción de la unión monetaria para que el euro pueda cumplir su promesa de prosperidad económica y evite una deriva aún mayor hacia el descontento y las divisiones
SIGMAR GABRIEL / EMMANUEL MACRON / El País
De un extremo al otro de la Unión Europea, desde Grecia hasta el Reino Unido, el ideal europeo está herido. Es lógico, porque la terrible crisis de los últimos años ha puesto de relieve dos grandes fallos de la arquitectura europea. El primero, la interrupción del proceso de convergencia económica entre los países de la UE, en particular la eurozona. El obstáculo no es teórico, porque el paro es una realidad cotidiana para millones de europeos, sobre todo los jóvenes, que corren peligro de convertirse en una generación sacrificada. El segundo punto débil son las tensiones políticas, dentro de los Estados, con el ascenso de las fuerzas antieuropeas, y entre unos Estados y otros. La situación griega y la británica, pese a ser distintas, demuestran que el interés general europeo y los intereses nacionales parecen alejarse cada vez más.
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