León Bendesky / La Jornada
La crisis económica
sigue en pleno curso. Es, ciertamente, de índole global y tiene un rasgo
específico que la define: se centra en los países más ricos y
desarrollados, de donde se extiende y ramifica por todas partes. En ese
entorno han surgido y persisten hondas disputas políticas e ideológicas
para administrarla. De ellas no han surgido medidas claras ni se
desprende una dirección de salida técnica ni políticamente validada.
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