Estrictamente Personal
Raymundo Riva Palacio / Eje Central
Como
sucede en México sistemáticamente, la agenda pública se mueve por
estados de ánimo y las cosas importantes se hunden en las lagunas del
olvido. Esto no debe pasar con lo que sucedió a fines de la semana
pasada, cuando una ola de rumores azotó Ciudad Nezahualcóyotl –un
enjambre de poco más de un millón de habitantes en el oriente de la
ciudad de México- y contaminó al Distrito Federal. Sobretodo, porque de
acuerdo con el procurador general de Justicia capitalino, Jesús
Rodríguez, fue una acción concertada. Es decir, alguien no identificado
aún, diseñó y ejecutó un proceso de desestabilización con fines
desconocidos.
La
afirmación proviene de declaraciones de cinco personas detenidas en
varios puntos de la zona que dijeron haber recibido 400 pesos por decir
que narcos y miembros de Antorcha Campesina -un grupo de choque
vinculado al PRI que habían tenido un conflicto horas antes en otra
comunidad cercana-, los iban a atacar. Neza es un municipio en el estado
de México donde la violencia no es ajena, lo cual explica en parte
porqué sus pobladores cayeron víctimas de un rumor al condicionar el
comportamiento de miles de ellos mediante la utilización de un conjunto
de palabras que causó sicosis y miedo.
Las palabras de “ahí vienen y dicen que vienen robando, matando y quemando”, se repitieron
en varios puntos de Neza, que al estar cargadas de emotividad,
desataron las funciones mentales que generan estímulos y respuestas,
según explica la teoría moderna de las actitudes. El estímulo fue el
miedo, que produjo asociaciones lógicas –el contexto del temor- y
emocionales –la acción defensiva-. La respuesta fue la reproducción
alarmista del rumor que infectó de miedo todo el oriente metropolitano y
provocó desestabilización social.
La
afirmación del procurador, identifica a algunos de los autores
materiales, pero no revela a los intelectuales. ¿Quiénes, en su lógica,
fueron los arquitectos del caos? ¿Fue una acción con intención política?
¿Fue una acción que con otro propósito se desbordó y desdobló? Visto en
términos de afectados y beneficiados, ¿quiénes son sus destinatarios?
El
inicio del rumor tuvo elementos de verosimilitud. El miércoles en que
comenzó se había dado un enfrentamiento en un municipio cercano, San
Vicente Chicoloapan, donde dos grupos que buscaban el control de una
ruta de taxis, se enfrentaron con machetes. ¿Cómo viajó un rumor de
Chicoloapan a Neza? No viajó. Se implantó en ese un municipio que vive
un conflicto postelectoral, usando el enfrentamiento como pretexto.
Problema viejo, el conflicto se revivió coincidentemente con la
celebración del primer informe de gobierno de Eruviel Ávila en el estado de México.
Un
evento así lastima al gobernador y a su antecesor, el presidente electo
Enrique Peña Nieto, al reflejar un estado en ebullición producto del mal gobierno-.
Pero la forma como circuló el rumor y afectó amplios sectores en la
ciudad de México, colocaron también en una situación de debilidad al
gobierno perredista capitalino, que tuvo una respuesta frívola –en
redes, donde el equipo del jefe de gobierno Marcelo Ebrard soslayó con
ironías el fenómeno-, y desatinada –enviar policías a los linderos con
el estado de México para, se explicó, evitar frenar la violencia-.
No
está claro quién sale beneficiado. Al gobierno federal, aunque no lo
afectó directamente, le perjudica la construcción de nuevas percepciones
sobre un clima generalizado de inseguridad. Al ex candidato
presidencial Andrés Manuel López Obrador tampoco lo beneficia, al
trasladarse a él la responsabilidad indirecta sobre grupos radicales
afines a él que, en efecto, estuvieron muy activos en las redes sociales
diseminando el rumor.
Con
la información disponible hasta ahora, no está claro aún que la
premeditación que señaló el procurador tenga que ver con la acción
concertada de un grupo para crear inestabilidad y caos. Sin embargo, lo
que sucedió la semana pasada demostró que la vulnerabilidad es amplia y
la capacidad de respuesta deficiente. No pasó nada grave, pero no
significa que no pueda pasar más adelante. Hay que aprender la lección y
no repetir lo que se hizo: minimizar el fenómeno, soslayarlo, y
sobretodo, como sucedió con muchos casos de autoridad, ser negligentes.
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