Javier Sicilia / Revista
Proceso
La guerra contra las drogas que se libra en México tiene su cara
oculta y su origen en Estados Unidos, donde en 1971 Richard Nixon declaró su
War on Dnigs: "El enemigo público número uno de Estados Unidos -dijo
entonces- es el abuso de las drogas, Para poder (...) derrotar a ese enemigo es
necesario llevar a cabo (...) una ofensiva a escala mundial (...) con ello
declaró la guerra contra las drogas Lo que hace tan oscuro este acontecimiento
es el aparente alzhéimer social y político del fracaso de otra gran
prohibición, la del alcohol, durante los años veinte, en Estados Unidos.
Parecería que aquel periodo terrible que duró 17 años (1917-1933) y
que concluyó con la derogación de la Enmienda XVIII y la Ley Volstead, la cual
prohibía la venta, importación y fabricación de bebidas alcohólicas en todo el
territorio de Estados Unidos, se hubiese borrado de la memoria histórica en
menos de 40 años.
Por un lado, la guerra contra las drogas sigue -esta vez a nivel
internacional- la misma lógica de la ley seca que fracasó: el aumento y la
diversificación de la criminalidad, los estragos del consumo -antes, de alcohol
adulterado, y ahora de la droga sintética y de mala calidad-, la multiplicación
de las mafias la corrupción de las autoridades, la destrucción de los tejidos
sociales, el miedo, la certidumbre, la violencia, el horror y la muerte. Por el
otro, y a diferencia de 16 que la administración Roosevelt hizo en 1933, las
sucesivas administraciones estadunidenses y los gobiernos que, como el de
México, han aceptado esta guerra como parte de su política dé seguridad, se
niegan a regular las drogas.
Frente a este panorama, habría que decir que del lado de la sociedad
hay realmente una desmemoria histórica. La rapidez mediática, los grandes
flujos de información manipulada por el mercado y la propaganda contra la droga
y a favor de la guerra han hecho estragos. Del lado de los estadunidenses, una
buena parte de ellos ignoran la inmensa responsabilidad que su política
antidrogas tiene en la destrucción de México, y, por lo mismo, son incapaces
-si acaso recuerdan el periodo de la prohibición del alcohol- de hacer una
conexión entre las enseñanzas del pasado y las necesidades del presente. Del
lado mexicano, la mayoría de la sociedad desconoce aquel periodo de la historia
de EU, e incapaz de mirar su presente en el espejo de aquel pasado, no
encuentra la salida.
No podría decirse lo mismo en el caso de la memoria política. Aquí, la manutención de la guerra por parte del gobierno, que no ignora el pasado, pero que lo usa de manera perversa, tiene como componente uno de los grandes males que están corroyendo la vida civil y democrática del mundo: la subordinación del Estado y de sus gobiernos a la lógica de los grandes capitales.
Detrás de la moral puritana contra las drogas, lo que en realidad se encubre es la construcción de una guerra que permite administrar el conflicto para maximizar capitales. ¿Quiénes ganan? Los negocios contraproductivos: los bancos que lavan dinero, la industria armamentista, los administradores de cárceles, las mafias, las fuerzas armadas, los laboratorios de producción de drogas, las policías y los funcionarios corruptos. ¿Quiénes pierden?: la ciudadanía, sometida a la violencia del Estado y de los criminales, los tejidos sociales y la democracia. No es otra cosa lo que nos dicen el aumento del consumo de drogas, los miles de muertos y desaparecidos, la diversificación del crimen, la militarización en México, las miles de armas vendidas ilegalmente, los presos a causa de la droga y las cifras millonarias que EU ha invertido en ayuda militar (en las últimas cuatro décadas EU ha arrestado a más de 40 millones de personas y ha gastado 2.5 billones -2.5 millones de millones- de dólares en el combate a las drogas). No es otra cosa tampoco lo que dicen las ganancias del lavado de dinero, calculadas en más de 3 billones de dólares durante el sexenio de Calderón, la timorata intervención en el lavado de dinero en el banco HSBC (además de que seguirá operando normalmente y ninguno de sus funcionarios irá a prisión, la sanción que se le impuso, 379 millones de pesos, es insignificante), y la ausencia en las cárceles de funcionarios públicos, de agentes aduanales, tanto de EU como de México, y de dueños de empresas que venden ilegalmente armas.
No podría decirse lo mismo en el caso de la memoria política. Aquí, la manutención de la guerra por parte del gobierno, que no ignora el pasado, pero que lo usa de manera perversa, tiene como componente uno de los grandes males que están corroyendo la vida civil y democrática del mundo: la subordinación del Estado y de sus gobiernos a la lógica de los grandes capitales.
Detrás de la moral puritana contra las drogas, lo que en realidad se encubre es la construcción de una guerra que permite administrar el conflicto para maximizar capitales. ¿Quiénes ganan? Los negocios contraproductivos: los bancos que lavan dinero, la industria armamentista, los administradores de cárceles, las mafias, las fuerzas armadas, los laboratorios de producción de drogas, las policías y los funcionarios corruptos. ¿Quiénes pierden?: la ciudadanía, sometida a la violencia del Estado y de los criminales, los tejidos sociales y la democracia. No es otra cosa lo que nos dicen el aumento del consumo de drogas, los miles de muertos y desaparecidos, la diversificación del crimen, la militarización en México, las miles de armas vendidas ilegalmente, los presos a causa de la droga y las cifras millonarias que EU ha invertido en ayuda militar (en las últimas cuatro décadas EU ha arrestado a más de 40 millones de personas y ha gastado 2.5 billones -2.5 millones de millones- de dólares en el combate a las drogas). No es otra cosa tampoco lo que dicen las ganancias del lavado de dinero, calculadas en más de 3 billones de dólares durante el sexenio de Calderón, la timorata intervención en el lavado de dinero en el banco HSBC (además de que seguirá operando normalmente y ninguno de sus funcionarios irá a prisión, la sanción que se le impuso, 379 millones de pesos, es insignificante), y la ausencia en las cárceles de funcionarios públicos, de agentes aduanales, tanto de EU como de México, y de dueños de empresas que venden ilegalmente armas.
Bajo esta lógica perversa, la cara oculta de la guerra en EU no sólo
está destruyendo a México y a muchos otros países, sino poniendo en peligro lo
que sus padres fundadores le dieron al mundo antes que Francia: la democracia y
las libertades civiles.
La Caravana que el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad está
a punto de concluir en Washington ha buscado poner en la conciencia de los
ciudadanos de EU la realidad de esta guerra y la necesidad de que juntos,
estadunidenses y mexicanos, presionemos a nuestros gobiernos para que tomen la
ruta de la paz. Sólo la presión ciudadana puede hacer que los gobiernos sirvan
nuevamente a los intereses de la nación, y no al sometimiento que el crimen y
la maximización del dinero les están imponiendo.
No hemos pretendido en estos largos días hacer grandes cosas. Somos
poca cosa frente a la inmensidad del mal.
Sólo hemos encendido una vela por la paz en el centro de la cara
oscura de esta guerra.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-GM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón.
Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-GM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO, hacerle juicio político a Ulises Ruiz, cambiar la estrategia de seguridad y resarcir a las víctimas de la guerra de Calderón.
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