La falta de regulación sobre el movimiento global
de capitales ha permitido que sea uno de los negocios más lucrativos de las
instituciones financieras.
Enrique Del Val Blanco / Excelsior
Una de
las mayores causas de la desigualdad creciente en el mundo son los recursos
desviados hacia los llamados paraísos fiscales, ya que no pagan ningún tipo de
impuesto en el país donde se origina dicha riqueza.
Es
creencia popular que los paraísos fiscales son pequeñas islas del Caribe u otras
zonas con nombres desconocidos como Nauru, la isla-nación más pequeña del
mundo, que por cierto envió atletas a las olimpiadas. En realidad podemos decir
que países como Suiza, Singapur e incluso Estados Unidos constituyen paraísos
fiscales. La falta de regulación sobre el movimiento global de capitales ha
permitido que sea uno de los negocios más lucrativos de las instituciones
financieras, sobre todo de los principales 50 bancos, mismos que, según un
estudio de la Organización No Gubernamental Tax Justice Network, manejan al
menos 100 mil millones de dólares cada uno.
El
estudio, publicado el pasado mes de julio, contiene una riqueza de datos
impresionante. Tomando en cuenta la dificultad del tema, lograron obtener
información de diversas fuentes y nos dicen que los recursos depositados de
manera secreta en los paraísos fiscales están entre 21 y 34 billones de dólares
sin incluir propiedades inmobiliarias, yates y colecciones de arte.
Las
declaraciones de los dirigentes de las principales naciones, léase el G20 por
ejemplo, no han provocado la menor mella en este escandaloso manejo de riqueza
que no paga impuestos. En su reunión de abril de 2009, en Londres, declaró
formalmente “finalizada la era del secreto bancario”. Para esa misma fecha la
OCDE tenía una lista negra de cerca de 80 paraísos fiscales. La mayoría de
éstos continúa con el negocio sin importar las consecuencias, pues hasta ahora
no ha habido alguna seria, cuando mucho se les aplica una multa.
Este
manejo de recursos tan cuantiosos, fundamentalmente por parte del sistema
bancario internacional, fue una de las causas de la crisis financiera de 2008
que lo único que produjo fue un incremento de la desigualdad, derivado del
rescate multimillonario a los bancos, con cargo a quienes sí pagan impuestos.
Durante toda la crisis no hubo ni la menor mención al dinero que se resguarda
en los paraísos fiscales.
Todo esto
se ha complicado ahora con el descubrimiento del manejo ilícito de la tasa
Libor y, sobre todo, con el lavado de dinero del banco HSBC por parte de los
cárteles de la droga mexicana en Estados Unidos, país convertido en el paraíso
fiscal de los mexicanos, sin que hasta la fecha alguna autoridad de los ambos
países lo impida. ¿En qué acabará todo este manejo ilícito de recursos?
Seguramente en una multa multimillonaria y así todos quedan contentos: los
capos y el banco, quienes seguirá operando y buscando la forma de, en algunos
meses, continuar con el negocio.
Los
gobiernos brasileño y argentino han lanzado una campaña internacional para acabar
con los paraísos fiscales, que no benefician a nadie o mejor dicho benefician
al uno por ciento de la población mundial. Esperemos que más países se unan a
esta propuesta que llama a combatir no sólo los ingresos ilícitos, sino también
la desigualdad.
En el
estudio mencionado anteriormente se informa que en 2011 existían 29 mil
personas en el mundo que tenían una riqueza mayor a los 100 millones de dólares
cada una. Otro dato significativo es que a finales de 2010 los 50 principales
bancos privados del mundo se manejaban en paraísos fiscales de manera directa o
a través de sus fundaciones más de 12 billones de dólares.
¿Qué
esperan los gobernantes de los principales países para poner orden a tan sólo
una mínima fracción de la población mundial, causante en muchos casos de la
inestabilidad reinante en varias partes del orbe? ¿A qué le temen? ¿Se confirma
con ello que sus cargos son en parte debidos a los apoyos para sus campañas
políticas? Resulta increíble que en el siglo XXI, con lo que ha pasado y con lo
que se conoce sobre la actuación de los banqueros, las autoridades se rehúyan a
ejercer su poder político y acabar con los paraísos fiscales tan dañinos para
el resto de la población.
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