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Alimentos por las nubes
Huevo: discurso y hechos
Huevo: discurso y hechos
Carlos Fernández-Vega / La Jornada
Como adivino es un desastre, y como secretario de Economía también. A principios de mes, Bruno Ferrari anunció que “pese al dumping
y la influenza aviar, tanto el huevo como el pollo se han abaratado en
las últimas semanas”, al tiempo que difundía la buena nueva:
Y entonces el citado funcionario remató: “hasta que no se estabilicen
los precios del pollo y del huevo y se controle el brote de influenza
aviar en dos municipios de Jalisco, la Secretaría de Economía no tomará
ninguna decisión contra las empresas que introducen pollo a México a
precios por debajo de su valor real (dumping), generando con ello
competencia desleal contra los productores locales… Pese al dumping
y la influenza aviar, tanto el huevo como el pollo se han abaratado en
las últimas semanas, particularmente después de que el 6 de julio
anunció que se importarían 211 mil toneladas, equivalente al consumo
nacional de un mes… Cuestionado sobre si los precios del pollo y huevo
regresarán al mismo nivel que tenían antes de que surgiera la influenza
aviar, Ferrari sólo respondió: No sabemos, depende, nosotros no
controlamos precios. Todavía no llegan las importaciones, vamos a ver
qué pasa cuando lleguen” (La Jornada, Susana González).de llegar a venderse hasta a 26 pesos por kilogramo durante julio, el huevo se comercializó el primero de agosto a 17.25 pesos en promedio, de tal suerte que de nueva cuenta los consumidores mexicanos podrían dar rienda suelta a su desarrollada afición por tal producto.
Pues bien, casi tres semanas después de tal declaración, el precio del huevo alcanzó 40 pesos por kilogramo en tiendas de autoservicio y 33 pesos en la Central de Abasto de Iztapalapa (la mayor del país y la que, mal que bien, marca la pauta de precios en toda la República), 35 pesos en la de Ecatepec y 32 pesos en la de Querétaro. Sólo en las de Hermosillo y Mérida dicho precio fue inferior a 20 pesos (19.5 y 19, respectivamente). Y no se trata del precio del caviar, sino de uno de los alimentos de mayor consumo en el país (más de 2.5 millones de toneladas anuales).
Así, entre la buena nueva de Ferrari, divulgada a principios de mes, y el cierre de ayer, el precio del huevo reporta un incremento de 132 por ciento en los supermercados y de casi 100 por ciento en las distintas centrales de abasto de la República. Cuando el calderonato se instaló en Los Pinos, tal precio era de 11.86 pesos el kilogramo en la Central de abasto de Iztapalapa, todo lo citado de acuerdo con la estadística del Sistema Nacional de Información e Integración de Mercados, dependiente de la propia Secretaría de Economía.
No es la primera vez que le sucede al adivino Ferrari. Tampoco la última (le restan tres meses y pico en el puesto), pero un caso similar se registró a finales de 2010, cuando el precio del kilogramo de tortilla aumentó más de 50 por ciento de un plumazo. Por esos días, la Unión Nacional de Industriales de Molinos y Tortillerías anunció un incremento de cuatro pesos (promedio en todo el país), por lo que el precio pasó de ocho a 12 pesos, aunque de acuerdo con el anuncio de la citada Unión
en algunas zonas podría llegar a 13 o 14 pesos.
Rauda, la Secretaría de Economía salió a decir que
no se justifican los aumentos sustanciales, porque el precio del maíz se estabilizó, incluso bajó en noviembre, lo mismo que el de insumos que se utilizan para producirla, y se
comprometióa monitorear tortillerías y otros establecimientos que venden el producto, como supermercados, por conducto de la Procuraduría Federal del Consumidor,
para evitar abusos, y
exhortóa los consumidores
a comprarla donde la vendan más barata.
Y después de tan interesante propuesta a los compradores del
disco llenador, el secretario Ferrari tomó el micrófono para advertir,
según dijo, que
no se tolerará ningún tipo de abuso u oportunismo en contra de los consumidores de tortilla, ni se permitirá que se incremente el precio de este alimento básico, puesto que no se justifica(dicho sea de paso dijo lo mismo que prácticamente todos los titulares de esa dependencia a lo largo de los últimos dos gobiernos, con el resultado por todos conocido y padecido, es decir, más de mil 500 por ciento de incremento en el precio de la tortilla de 1999 a la fecha, desde que a los tecnócratas se les ocurrió
liberarel mercado respectivo). En síntesis,
sí habrá aumento, pero no del 50 por ciento.
¿Qué sucedió? El precio del kilogramo de tortilla creció y creció, y a
estas alturas (17 de agosto de 2012), el producto de vende a 12.28
pesos (promedio) en la República y a 9.81 pesos en los supermercados, es
decir, el 50 por ciento de aumento que se
evitaríase concretó sin mayores consecuencias, con todo y
advertenciadel santísimo secretario Ferrari. Lo anterior, sin dejar de precisar que en ciudades como Mexicali y Hermosillo el precio está por arriba de 16 pesos. Recientemente el citado personaje se aventó la siguiente puntada: el precio del kilogramo de tortilla registra
un aumento bastante moderado, pese a todas las especulaciones que hay, o lo que es lo mismo, para él un aumento de 50 por ciento en el precio es algo
moderado.
¿Qué fue de la anunciada
supervisiónde las tortillerías por parte de la Profeco para
evitar alzas injustificadasy
sancionar prácticas abusivas? Quién sabe, pero allá por diciembre de 2010 el balance no resultaba nada atractivo (y no se ha modificado). En ese entonces aquí se consignó que en la República existían formalmente registradas alrededor de 64 mil tortillerías. De acuerdo con la nómina oficial (Secretaría de Hacienda), 2 mil 721 personas trabajaban en la Profeco, incluido el procurador. Entonces, para supervisar el citado universo de tortillerías, cada uno de los que laboraba en esta dependencia tendría que dedicarse a plenitud a
supervisaralgo así como 24 tortillerías cotidianamente para cumplir con la promesa del secretario de Economía e impedir que el precio se dispare, algo posible sólo en el discurso.
En fin, todo lo anterior sucede en un país en el que la presunta
autoridad pretende combatir la especulación o la escasez no con
producción, sino con discursos.
Las rebanadas del pastel
El salvaje asesinato de 34 mineros en Sudáfrica patentiza que las prácticas del régimen del apartheid
muy lejos están de desaparecer. Lo único que los trabajadores exigían
era aumento salarial a la trasnacional Lonmin y a cambio recibieron un
baño de plomo. Un acto verdaderamente de lesa humanidad. En México, en
cambio, los barones de la minería pretenden matar de hambre a sus trabajadores.
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