Alicia Bárcena / El Universal
Durante
2010 la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) lanzó un
claro mensaje a la región: ha llegado la hora de la igualdad, entendida como la
plena titularidad de derechos para todos.
Dos años
después vemos con satisfacción cómo este mensaje, que se nutre de las
persistentes demandas ciudadanas por una mejor calidad de vida, ha calado al
más alto nivel en los gobiernos. Hoy pocos dudan que la igualdad sea el valor
que deba orientar las agendas de desarrollo de los países de la región. Pero
aún falta mucho.
Pese a
los avances recientes, todavía somos la región más desigual del mundo, lo cual
indica que las exitosas políticas sociales que han implementado algunos países
no han sido suficientes para abatir la pobreza y las enormes brechas
económicas. Lo social no sólo se juega en lo social. Es tiempo de superar las
trabas estructurales para lograr convergencia productiva, empleo con derechos y
sostenibilidad ambiental.
Hoy, con
ocasión del 34 periodo de sesiones de la Cepal, que se celebrará del 27 al 31
de agosto en El Salvador, nos dirigimos nuevamente a la región para proponer un
camino concreto hacia el crecimiento igualitario y con sostenibilidad
ambiental, en un escenario global donde los patrones de producción y consumo
son insostenibles. Nos referimos al cambio estructural, cuyos alcances
explicamos en el libro "Cambio estructural para la igualdad. Una visión
integrada del desarrollo". Allí planteamos que la política macroeconómica
y la política industrial no pueden seguir corriendo por caminos separados,
deben articularse y construir sinergias para dinamizar la estructura productiva
y robustecer las economías de la región ante choques externos con el horizonte
siempre puesto en la igualdad.
El cambio
estructural significa transformaciones cualitativas en la estructura productiva
de los países de la región, con el fin de fortalecer sectores intensivos en
conocimiento y de rápido crecimiento de la demanda interna y externa, para así
generar más y mejores empleos, apoyados en el impulso de los nuevos paradigmas
tecnológicos. En la Cepal estamos convencidos de que el empleo con derechos
constituye la llave maestra para alcanzar el desarrollo.
Hablamos,
en definitiva, de diversificar la economía hacia sectores de mayor valor
agregado y de generar encadenamientos productivos. Para eso necesitamos un
Estado proactivo en políticas industriales, que fortalezca a las micro,
pequeñas y medianas empresas; que promueva el salto en investigación y
desarrollo; que mejore la educación técnica y la capacitación, y cree
incentivos para el uso y desarrollo de nuevas tecnologías para producir de
forma limpia. Las políticas fiscales, monetarias y cambiarias no deben actuar
en el sentido de promover la estabilidad nominal y suavizar el ciclo económico,
sino incentivar la inversión a largo plazo, la diversificación de la estructura
productiva y, especialmente, buscar la mayor convergencia en niveles de
productividad del conjunto de la economía.
En la
Cepal insistimos en la necesidad de formar una nueva ecuación entre Estado,
mercado y sociedad, que incluya pactos fiscales y sociales que doten de
legitimidad y recursos al proceso de cambio estructural. La inversión pública
cumple un papel clave en orientación y promoción del cambio estructural, al
inducir y promover inversiones privadas complementarias e identificar sectores
y actividades de mayor crecimiento a futuro. Sin duda el cambio estructural
pasa por la recuperación de la política.
No
olvidemos las lecciones aprendidas por la región durante las crisis pasadas y
el incierto escenario que vivimos hoy. Sin cambio estructural no hay
posibilidad de crecimiento sostenible con igualdad en el largo plazo, y este
proceso de transformación requiere de una ciudadanía activa y comprometida con
un proyecto de sociedad.
Secretaria
ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal)
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