Francisco Suárez Davila / El Universal
La
elección del 2012 no es una elección más, tiene una gran importancia
para el futuro del país. Ocurren grandes cambios sistémicos en el mundo,
cambios de época. La crisis de 2009 ha propiciado una nueva ola de
inconformidad y de cambio protagonizada por nuevos líderes,
intelectuales y los jóvenes del norte de África, Europa o Wall Street.
Esto se contagia.
El
debate reciente fue un gran avance. ¿Qué opciones se presentaron a los
ciudadanos? Josefina puede al fin tener ganancia personal, estar en la
lucha por el segundo lugar, pero como en toda su campaña la democracia
pierde. En su argumentación vulgar acude al lodo. ¿Cómo puede atacar
ahora a la maestra Gordillo, quien tuvo como subsecretario a su yerno,
obviamente derivado de una alianza electoral? Corre el riesgo de chocar
porque conduce con la atención puesta en el retrovisor hacia el pasado
del PRI. No repara en que dos de los programas que tanto festeja son del
PRI: el Infonavit y Oportunidades, al que sólo le cambiaron de nombre.
Critica
al PRI por oponerse a las reformas estructurales, pero todas las
importantes que rigen son su legado: el adelgazamiento del Estado, la
apertura externa, el TLCAN, el sistema de pensiones, la autonomía del
Banco de México. Beltrones le entregó en bandeja una reforma fiscal que
homologaba el IVA; su Legislatura la descartó en favor de un subsidio
regresivo electorero para colegiaturas. Otras no salieron por la falta
de liderazgo de un gobierno errático y su propio ausentismo.
No
todo lo viejo es malo. Para el futuro, sus propuestas representan
continuar con las mismas políticas del estancamiento estabilizador e
inseguridad nacional.
AMLO
actuó en el debate con gran civilidad. Fue una sorpresa. Ojalá con esa
sensatez se comprometa a respetar el voto electoral y no provocar
confrontaciones peligrosas. Evidenció que no tiene una estrategia
económica. Su camino al paraíso, de crecimiento de 6% anual se derrumba,
porque no tiene sustento de ingresos. Simplemente no puede generar 800
mil millones de pesos sin aumentar o crear impuestos. Tampoco tiene
política energética, sus recetas son bajar el precio de la gasolina
ampliando aun más un subsidio regresivo de más de 200 mil millones de
pesos, con lo que podrían financiarse cinco programas Oportunidades.
Construir cinco refinerías, cada una cuesta 10 millones de dólares,
¿cuánto tiempo requiere? ¡Todo sin pies ni cabeza! Si se derrumba su
política fiscal también se derrumba su política social. Más crecimiento y
más gasto, sin ingreso, igual a crisis.
Peña
fue el único (entre los tres principales) que se ciñó a los temas e
hizo propuestas concretas en cada uno. Su objetivo: que ganen más los
mexicanos. Consolidar la democracia produciendo resultados, ampliando la
participación ciudadana, creando una comisión anticorrupción,
recuperando el prestigio internacional, diversificando las relaciones
hacia Asia. Crear una seguridad social universal, eliminar la pobreza
extrema, impulsar el campo para reducir precios de alimentos.
Ahora
nos enfrentamos a nuevos retos. Crispación social. Se incita a la
violencia, que provoca violencia. La irresponsable presentación de la
película sobre el asesinato de Colosio, con apoyo gubernamental
“artístico”. Valioso, como es un movimiento juvenil, idealista y
propositivo de ideas de cambio, no debe dejarse capturar por intereses
turbios de tal suerte que los remedios resultan peor que la enfermedad.
Si el postelectoral se complica —esperamos que no— ¿qué gobierno
garantizará el orden? La agenda inicial de cualquier nuevo gobierno
podría complicarse. Nuestro país no tiene tiempo que perder ni se merece
esto.
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