LEO ZUCKERMANN / EXCELSIOR
Firmado por Adam Thomson, el prestigiado diario
británico The Financial Times publicó la semana pasada un artículo que
decía: "El jueves, el peso mexicano cayó a un mínimo de tres años
después de que una encuesta influyente mostrara al candidato de la
izquierda para la elección presidencial de julio ganándole terreno al
principal candidato centrista".
Se refería a la encuesta del periódico Reforma que
ponía a López Obrador a cuatro puntos de distancia de Peña Nieto. Aunque
Thomson también reconocía que la devaluación del peso "fue impulsada
por los decepcionantes datos económicos de los Estados Unidos", el
corresponsal dedicó su artículo a hablar de la elección presidencial
mexicana.
Después de leer esta nota, le hablé a Raúl Feliz,
economista del CIDE y uno de los analistas financieros más serios y
mejor informados del país, para preguntarle si la devaluación del peso
se debía al miedo de los inversionistas ante el surgimiento de López
Obrador en las encuestas. Raúl fue contundente: "de ninguna manera".
Para Feliz, el peso se estaba devaluando por la crisis
del euro y una de sus posibles consecuencias: la desaceleración en el
crecimiento económico de Estados Unidos y, por tanto, de México. En
otras palabras, no era la política electoral la que le estaba pegando a
nuestra moneda, sino la incertidumbre económica internacional.
El miércoles, en un interesante y serio artículo de
Rogelio Ramírez de la O en El Universal, el que sería el secretario de
Hacienda, en caso de que López Obrador ganara la Presidencia, argumenta
que "el peso se ha debilitado por la crisis económica de España".
Explica a profundidad la crisis del euro que se ha extendido de Grecia a
la península Ibérica y el problema que tienen los europeos para
mantener su unidad monetaria. Afirma que "el principal canal de
transmisión de la crisis española a México es el sistema financiero y en
concreto el tipo de cambio del peso. Esto porque los bancos españoles
necesitan capital en Madrid y otros inversionistas necesitan cubrir
riesgos. Los dos bancos españoles representan casi 40% de nuestros
depósitos. Han hecho y seguirán haciendo repatriación de utilidades y
por eso la presión sobre el peso seguirá siendo extraordinaria durante
el tiempo que dure esta crisis".
Desgraciadamente el artículo de Ramírez de la O es sólo
de diagnóstico y no prescriptivo. Hubiera sido muy interesante saber
qué haría el gobierno de López Obrador, en caso de ganar el próximo
primero de julio, para paliar los efectos negativos de la crisis europea
en México. Lo cual me lleva al punto central de este artículo. Quedan
pocos días en las campañas presidenciales y los mexicanos no sabemos qué
harían los candidatos en caso de ganar la Presidencia para enfrentar un
problema económico que ya tenemos encima.
Mucho se habla de sus propuestas para mejorar la
educación, salud o vivienda, pero nada de un asunto tan urgente como es
la reacción de México frente a la crisis del euro y sus posibles
consecuencias.
López Obrador ya reveló que, de ganar, nombraría a
Ramírez de la O como su secretario de Hacienda. Ahora tendrían que
decirnos qué van a hacer a partir del dos de julio para defender a la
economía mexicana frente a la tormenta internacional que ya tenemos
encima.
En el caso de Peña Nieto y Vázquez Mota, mandarían un
mensaje de mucha seriedad y responsabilidad si estos días anunciaran
quién sería su secretario de Hacienda, en caso de ganar, y qué políticas
pondrían en marcha a partir del dos de julio de manera coordinada con
la administración saliente del presidente Calderón. Esto le inyectaría
una buena dosis de certidumbre a la economía nacional en un momento
delicado de gran turbulencia internacional debido a la crisis del euro.
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