viernes, 15 de junio de 2012

CRISIS ECONÓMICA IMPIDE DESARROLLO DE ÁREAS INDÍGENAS

En comunidades de la sierra de Zongolica el haber nacido indígena implica que van a ser discriminados sólo por ese simple hecho, ya que la marginación social ha llegado hasta ese grado. Hay familias que “viven” con menos de 700 pesos mensuales para tratar de satisfacer sus necesidades, advierten. Foto Agencias

 Fernando Inés Carmona - La Jornada Veracruz
Orizaba, Ver.-El escenario de pobreza y marginación nacional en México llegó al grado de que por el hecho de nacer indígena se les condena a vivir en la marginación, desigualdad social y los limita al subdesarrollo como forma de supervivencia; en Veracruz hay comunidades naturales en donde una familia vive con 700 pesos al mes “y come dos tacos de frijoles y un jarro de café en la mañana y en la noche. No más”. Y para tener agua debe caminar hasta seis horas y cargar en la espalda 25 litros y con un bebé”.
Maribel García Méndez, encargada de Comunicación Institucional del organismo Fondo para la Paz presenta un análisis de las condiciones en las que vive la mayoría de las comunidades indígenas del país, pero a la vez aclara que la sociedad debe retomar el papel de responsabilidad para atender el problema de la pobreza. “Es problema de todos”.
Esta organización “trabaja en localidades indígenas en condiciones de pobreza, en los estados de Veracruz, Oaxaca, San Luis Potosí y Campeche. En Veracruz se trabaja desde hace cinco años en los municipios muy pobres como el caso de Mixtla de Altamirano, que de acuerdo con las estadísticas oficiales es uno de los cinco con más pobreza del país.
“En este país ser indígena es una cuestión socioeconómica (bastante difícil), porque quien nace siendo indígena está prácticamente condenado a vivir en una situación de marginación en condiciones de desigualdad, de poco acceso.
Desde el inicio de la vida se les limita a pocas opciones y a capacidades para que puedas llevar a cabo cierta forma de vida”, señala.
En el caso de Mixtla de Altamirano las condiciones de pobreza, dice, son extremas: “en ese municipio, las personas viven con menos de 700 pesos al mes. Es una situación crítica. (Ahí) las personas hacen una o dos comidas al día.
No tienen acceso a trabajo, no hay incluso acceso al agua (potable) deben caminar por cinco a seis horas aproximadamente para llevar 25 litros de agua –cargando en la espalda bebés– y poder llevarla a casa”.
Para los hombres “no hay trabajo. No hay opciones de desarrollo”. En esa zona, revela, la gente está acostumbrada a comer, “durante toda su vida”, explica, “dos taquitos de frijoles y un jarro de café en la mañana y dos taquitos de frijoles y un jarro de café en la noche, te aseguro que tu capacidad de aprendizaje ya fue mermada. No pueden salir adelante”.
En este escenario de pobreza y marginación descarta al paternalismo como la única opción para intentar resolver los problemas de miseria. “La pobreza es un problema multifactorial. Es muy complejo (pero) nosotros no podemos condicionar nuestro desarrollo, no podemos decir que es responsabilidad de un gobierno. Tenemos que empezar a pensar como sociedad civil organizada porque de esa forma nos traerá muchas ventajas y empezar a considerar nuestro entorno”.
“Las condiciones de pobreza de nuestro país también es responsabilidad de nosotros. Evidentemente, admite, se necesita apoyo”, señala.
Revela que este organismo, que nació a raíz del desplazamiento de los pueblos indígenas tras el levantamiento armado de los Altos de Chiapas, tiene financiamientos que aunque están a la disposición de las comunidades indígenas sí tienen un procedimiento para ser aplicados.
“Nosotros hemos logrado apoyos con el gobierno de estado, gracias a nuestra gestión se ha empezado a invertir en esa zona, pero insisto, no debemos seguir pensando que el desarrollo de nuestro país es sólo cosa del gobierno del estado, debemos quitarnos esa capa de paternalismo”, reclama.
–¿Pero cómo convencer a las personas que viven de programas paternalistas?
–En el caso de las comunidades como en las que trabajamos, lo que necesitamos es un empujoncito. Las personas necesitan que les demos una pequeña oportunidad para que puedan salir adelante. La gente necesita que los ayuden.
Este organismo, dice, su trabajo lo basa en que las comunidades aprendan a organizarse y se impulse el capital social “para trabajar, primero analizar cuáles son los problemas que existen en la comunidad. Hay gente, sobre todo mujeres, que nos dicen: nunca en mi vida alguien me había preguntado qué era lo que pensaba (acerca de), ni siquiera decidí con quién me iba a casar. Ahora se les da la oportunidad de que puedan tomar decisiones sobre su propia vida”.
“Ser pobre no es (nada más) la falta de dinero, ser pobre es no tener opciones de desarrollo, no tener capacidad para desarrollar trabajo. Hoy las personas en la sierra están empoderándose, ellos son los que analizan cuáles son esas opciones y ellos son los que deciden, nosotros sólo estamos impulsando esos programas.
La fundación Fondo para la Paz promovió una serie de programas de apoyo para el aprovechamiento del agua de lluvia, sanitarios ecológicos, redes de agua potable, caminos, “pero la decisión fue de los indígenas”. Los recursos económicos se obtuvieron a través del apoyo de diversas fundaciones del país.

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