Moisés Sánchez Limón / El Financiero
En las filas del Partido Acción Nacional hay crisis de credibilidad desde hace rato, pero especialmente en los funcionarios albiazules, integrantes del equipo presidencial de la primera línea.
El caso de Arturo Chávez Chávez, es ejemplo de ello y las discrepancias con el método presidencial en la procuración de justicia y la ausencia de sintonía en el combate al crimen organizado, fueron determinantes para que, finalmente, le aceptaran la renuncia al cargo de procurador General de la República; en el relevo llega Marisela Morales, quien hasta la noche del miércoles se desempeñó como subprocurador de Investigación Especializada contra la Delincuencia Organizada. Esa es otra historia.
Pero, en ese entramado de intereses, encuentros y desencuentros, cobros de facturas y otros etcéteras que han caracterizado a hombres y mujeres en el poder político nacional desde hace diez años y meses, Cecilia Romero Castillo es una mujer que goza de credibilidad y se le reconoce su congruencia entre el decir y hacer. No tiene medias tintas. Y eso me lo refería hace unos meses un compadre de la hoy secretaria General del PAN.
Por eso, cuando al salir de la reunión que ella, el coordinador de los senadores panistas, José González Morfín, y el dirigente nacional del PAN, Gustavo Enrique Madero, sostuvieron en la residencia oficial de Los Pinos con el presidente Felipe Calderón, los reporteros de la fuente de la Presidencia le preguntaron qué les había dicho el mandatario respecto de la alianza en el Estado de México, sencillamente respondió sin barroquismos:
“El Presidente, pues, está de acuerdo en que sigamos en la actitud en que ha estado el PAN, abierto a una alianza, dispuesto a honrar lo que los panistas, perredistas y mexiquenses dijeron el domingo (27 último de marzo en la consulta)”.
Pero Romero Castillo –a quien le van a pegar con todo para bajarla de la secretaría General del CEN panista, e incluso ya le comenzaron a desempolvar casos sonados de migrantes muertos, cuando se desempeñó como comisionada del Instituto Nacional de Migración--, no sólo hizo público el comentario presidencial, también expresó su convicción respecto de la alianza y el candidato perredista Alejandro Encinas.
Sostuvo que el PAN no puede aceptar a Encinas como candidato aliancista, porque él declaró que no aceptaría ser el nominado en esa dupla PAN-PRD. Por tanto, consideró que sería denigrante aceptar como candidato al ahora diputado federal perredista con licencia.
Dolió la verdad de Cecilia Romero, porque fue a contracorriente de la decisión de Felipe Calderón de descarrilar la carrera de Enrique Peña Nieto rumbo a la Presidencia de la República. La cruzada personal de Calderón para no ser el Presidente emanado del PAN que regrese el poder al PRI.
Por ello, el secretario particular del mandatario, el diputado federal panista con licencia, Roberto Gil Zuarth, debió tragar sapos para mentir en la pretensión de desmentir a Cecilia Romero. Si Calderón ofreció o no la candidatura de la alianza PAN-PRD a Alejandro Encinas, es harina del mismo costal, comprensible en la decisión de cerrar el retorno priista al poder presidencial.
Incluso, cuando Juan Molinar Horcasitas sale igualmente a dar explicaciones no pedidas, justifica al Presidente y acaba por consolidar la versión de Cecilia Romero. Pero es la verdad: Felipe Calderón se ha convertido, desde hace rato, en jefe de campaña del PAN. No, no tiene metidas las manos en los procesos electorales. Está de lleno. Lo que criticaron al PRI.
En las filas del Partido Acción Nacional hay crisis de credibilidad desde hace rato, pero especialmente en los funcionarios albiazules, integrantes del equipo presidencial de la primera línea.
El caso de Arturo Chávez Chávez, es ejemplo de ello y las discrepancias con el método presidencial en la procuración de justicia y la ausencia de sintonía en el combate al crimen organizado, fueron determinantes para que, finalmente, le aceptaran la renuncia al cargo de procurador General de la República; en el relevo llega Marisela Morales, quien hasta la noche del miércoles se desempeñó como subprocurador de Investigación Especializada contra la Delincuencia Organizada. Esa es otra historia.
Pero, en ese entramado de intereses, encuentros y desencuentros, cobros de facturas y otros etcéteras que han caracterizado a hombres y mujeres en el poder político nacional desde hace diez años y meses, Cecilia Romero Castillo es una mujer que goza de credibilidad y se le reconoce su congruencia entre el decir y hacer. No tiene medias tintas. Y eso me lo refería hace unos meses un compadre de la hoy secretaria General del PAN.
Por eso, cuando al salir de la reunión que ella, el coordinador de los senadores panistas, José González Morfín, y el dirigente nacional del PAN, Gustavo Enrique Madero, sostuvieron en la residencia oficial de Los Pinos con el presidente Felipe Calderón, los reporteros de la fuente de la Presidencia le preguntaron qué les había dicho el mandatario respecto de la alianza en el Estado de México, sencillamente respondió sin barroquismos:
“El Presidente, pues, está de acuerdo en que sigamos en la actitud en que ha estado el PAN, abierto a una alianza, dispuesto a honrar lo que los panistas, perredistas y mexiquenses dijeron el domingo (27 último de marzo en la consulta)”.
Pero Romero Castillo –a quien le van a pegar con todo para bajarla de la secretaría General del CEN panista, e incluso ya le comenzaron a desempolvar casos sonados de migrantes muertos, cuando se desempeñó como comisionada del Instituto Nacional de Migración--, no sólo hizo público el comentario presidencial, también expresó su convicción respecto de la alianza y el candidato perredista Alejandro Encinas.
Sostuvo que el PAN no puede aceptar a Encinas como candidato aliancista, porque él declaró que no aceptaría ser el nominado en esa dupla PAN-PRD. Por tanto, consideró que sería denigrante aceptar como candidato al ahora diputado federal perredista con licencia.
Dolió la verdad de Cecilia Romero, porque fue a contracorriente de la decisión de Felipe Calderón de descarrilar la carrera de Enrique Peña Nieto rumbo a la Presidencia de la República. La cruzada personal de Calderón para no ser el Presidente emanado del PAN que regrese el poder al PRI.
Por ello, el secretario particular del mandatario, el diputado federal panista con licencia, Roberto Gil Zuarth, debió tragar sapos para mentir en la pretensión de desmentir a Cecilia Romero. Si Calderón ofreció o no la candidatura de la alianza PAN-PRD a Alejandro Encinas, es harina del mismo costal, comprensible en la decisión de cerrar el retorno priista al poder presidencial.
Incluso, cuando Juan Molinar Horcasitas sale igualmente a dar explicaciones no pedidas, justifica al Presidente y acaba por consolidar la versión de Cecilia Romero. Pero es la verdad: Felipe Calderón se ha convertido, desde hace rato, en jefe de campaña del PAN. No, no tiene metidas las manos en los procesos electorales. Está de lleno. Lo que criticaron al PRI.
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