viernes, 29 de abril de 2011

ANATOMÍA DE UN COLAPSO FINANCIERO

José Miguel Moreno / El Semanario
El Subcomité Permanente de Investigaciones del Senado de EU se ha dedicado, durante los dos últimos años, a investigar miles de documentos internos de las entidades financieras, a escudriñar sus e-mails, a entrevistar a sus cabecillas y a hacerlos comparecer en el Congreso para que den explicaciones sobre sus operaciones y prácticas financieras. El resultado es un extenso documento, de 635 páginas, llamado “Wall Street y la crisis financiera: Anatomía de un colapso financiero”. Leerlo es como diseccionar la anatomía de un crimen, de un asesinato, el de la peor crisis económica desde la Gran Depresión de la que todavía no hemos terminado de salir, y que ha generado un colosal rescate del sector financiero, causante de todos los males, un desempleo muy alto y, en consecuencia, un grave problema de deuda pública en Europa, Japón y EU.
El senador demócrata Carl Levin, presidente del subcomité, concluyó que lo que la investigación develó fue “un nido de serpientes financieras infectado de codicia, conflictos de interés y maldad”. Un nido nutrido de hipotecas de alto riesgo emitidas por las entidades financieras, de complejos productos financieros de baja calidad y mal diseñados por la banca de inversión, de calificaciones crediticias infladas, y de fallos en la regulación y supervisión.
Para ejemplificar cada situación, el informe analiza los casos de Washington Mutual, que es la mayor quiebra financiera de EU; de Goldman Sachs y Deutsche Bank, dos de las instituciones financieras más emblemáticas en el mercado de titulización de hipotecas, swaps de incumplimiento crediticios (CDS) y obligaciones de deuda colateralizada (CDO); de Standard & Poor"s y Moody"s, las principales agencias de calificación; y de un regulador, la Oficina General de Control de Cajas de Ahorro.
Y de esos estudios se desprende que hubo codicia porque Washington Mutual empezó a prestar a diestro y siniestro a aquel que fuera a sus ventanillas, degradando sus estándares crediticios hasta límites irrisorios. Lo hizo con tal de ganar cuota de mercado a cualquier precio y generar mayores beneficios, además de que esos títulos, al ofrecer un mayor cupón por el riesgo, se vendían más caros en Wall Street.
Conflicto de interés porque a Standard & Poor"s y Moody"s, a quienes pagaban las firmas de Wall Street por calificar sus títulos, les convenía darles buenas calificaciones a sus emisiones para no perder clientela, por lo que rebajaron sus estándares para otorgar ratings favorables. Más teniendo en cuenta que algunas entidades como bancos, fondos de pensiones, o compañías de seguros sólo pueden adquirir activos que son grado de inversión, lo que les presionó a ofrecer buenas calificaciones. Esa irresponsabilidad llevó a que, cuando se desató al crisis, el 90% de las emisiones “AAA” otorgado a bonos respaldados por hipotecas de alto riesgo originados entre 2006 y 2007, fueron degradados después a un estatus de “basura”.
Maldad y abuso porque los empleados de Washington Mutual, alentados por una política de incentivos que primaba el volumen de los créditos y la rapidez para firmarlos frente a la calidad, concedieron préstamos sabiendo que los beneficiarios, en algún momento, no podrían cumplir sus obligaciones o vendiendo títulos a inversionistas con una elevada probabilidad de entrar en impago. En algunos casos, empleados “deliberadamente” sortearon las políticas del banco.
Abuso y fraude porque Goldman Sachs y Deutsche Bank, poniendo su interés por delante del de sus clientes, no sólo armó, puso precio, recomendó y vendió títulos de baja calidad a pesar de tener una nefasta perspectivas sobre ellos, sino que incluso apostó contra ellos infligiendo fuertes pérdidas a sus compradores. Es decir, engañó a sus clientes y manipuló a los mercados para su propio beneficio.
El documento está ahí y la realidad es clara, transparente y palpable. ¿Y de qué sirve? Tras conocerse el veredicto a los analistas del mercado no les importó el delito en sí de Goldman Sachs, en cómo corregir esas prácticas, sino en si la noticia tendría algún efecto negativo para la acción. Muchos concluyeron que no: aunque echen pestes de Goldman, seguirá haciendo mucho dinero, que es lo que importa a los inversionistas, aunque sea con abusos y malas mañas. Y así vamos.

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