Luis Foncerrada Pascal / El Universal
El Estado mexicano ya no tiene la capacidad económica para satisfacer las necesidades de su población. En los últimos 30 años la inversión pública ha disminuido sustancialmente y dicha tendencia apenas ha cambiado en los últimos dos años. El gobierno está lejos de poder cubrir los requerimientos de nuestro país. Por ello, la inversión conjunta con el sector privado en proyectos públicos resulta fundamental. Ésta es la esencia de la Ley de Asociaciones Público Privadas.
La infraestructura pública en México es apenas mejor que la de los países menos desarrollados. Los hospitales, laboratorios, parques, bibliotecas, cárceles, escuelas por supuesto, puertos, desarrollos turísticos, no son suficientes y los existentes tienen grandes carencias. Para una economía como la nuestra, los servicios a la ciudadanía y a la actividad económica deberían ser más diversos y de mucha mejor calidad.
Recientemente, un grupo de senadores señaló un faltante anual en el gasto público de 10% del PIB para reducir las carencias en México. ¿Es una idea exagerada? Si tomamos en cuenta la demanda actual de infraestructura, de servicios públicos, de educación y de seguridad social, no lo es. Al contrario, probablemente ese 10% del PIB resulta poco. Si agregamos a esto los requerimientos de los estados, el gasto total en proyectos podría llegar hasta un 20% del producto interno bruto. Lo anterior, por supuesto, es un cálculo que no contempla la inversión privada que debería ser al menos de otro tanto.
Si en algún momento lográramos aprobar una reforma hacendaria integral, dejáramos de desperdiciar el gasto público y ejerciéramos nuestro presupuesto basándonos en resultados, tal vez en 30 años, no antes, incrementaríamos la recaudación aproximadamente en 20% adicional al PIB de este año.
Entre tanto, ¿cuántas generaciones tendrán que seguir sufriendo las grandes carencias? ¿Cuántas personas más tendrán que seguir sufriendo malos servicios médicos, esperar camas que nunca llegan, recibir análisis clínicos incompletos, mala calidad de las aulas de clase, ausencia de instalaciones deportivas, cárceles inhumanas e ineficientes, malos caminos, escasez de transporte, ausencia de fábricas, y de nuevas fuentes de trabajo?
La única opción para solucionar la restricción financiera que enfrenta el sector público, dado el monto enorme de recursos requeridos, es recurrir a la inversión privada. No nos asustemos, así funciona la mayoría de los países con economías desarrolladas. Esto sólo se puede lograr a través de una Ley de Asociaciones Público Privadas. En realidad, ésta es la esencia de dicha ley.
El proyecto de ley que se discute hoy en día es, en el mejor de los casos, un proyecto tímido. Debería ir mucho más allá, debería considerar la inversión público-privada en fábricas, en proyectos productivos, en educación, en salud, en proyectos sociales, en el sector energético por supuesto. Los proyectos público-privados no pueden restringirse a caminos y puentes, una idea novedosa en la Europa del siglo XIV. Hoy requerimos de grandes proyectos para desarrollar regiones, sectores, grandes empresas. Necesitamos un gasto fuerte para detonar la innovación.
Lo sorprendente es que algunos legisladores, supuestos defensores del bien común, cuestionan esta ley. El discurso es miope y desvelado. La cerrazón ideológica, la pose, así como la concepción patética del bien público y del crecimiento, son las únicas razones por las que las asociaciones público-privadas se “satanizan”. El argumento de que es la puerta trasera para que los grandes capitales se apropien del país es uno de los argumentos más silvestres y reaccionarios que puede haber. Sigamos expulsando a nuestra gente a otro país, sigamos privándolos de una vida plena, mantengámoslos en las carencias en las que viven. Desperdiciemos más el bono demográfico.
No se trata de escoger ganadores. Hay todo tipo de reglas y esquemas para las asociaciones, la imaginación es el límite. Basta de poses. No hay dos países, el público y el privado, el país es uno solo. No podemos seguir sacrificando generaciones. Se trata de que el sector público sea uno con el sector privado, de crear una alianza estratégica por el país, por el bien común.
Director general del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado
El Estado mexicano ya no tiene la capacidad económica para satisfacer las necesidades de su población. En los últimos 30 años la inversión pública ha disminuido sustancialmente y dicha tendencia apenas ha cambiado en los últimos dos años. El gobierno está lejos de poder cubrir los requerimientos de nuestro país. Por ello, la inversión conjunta con el sector privado en proyectos públicos resulta fundamental. Ésta es la esencia de la Ley de Asociaciones Público Privadas.
La infraestructura pública en México es apenas mejor que la de los países menos desarrollados. Los hospitales, laboratorios, parques, bibliotecas, cárceles, escuelas por supuesto, puertos, desarrollos turísticos, no son suficientes y los existentes tienen grandes carencias. Para una economía como la nuestra, los servicios a la ciudadanía y a la actividad económica deberían ser más diversos y de mucha mejor calidad.
Recientemente, un grupo de senadores señaló un faltante anual en el gasto público de 10% del PIB para reducir las carencias en México. ¿Es una idea exagerada? Si tomamos en cuenta la demanda actual de infraestructura, de servicios públicos, de educación y de seguridad social, no lo es. Al contrario, probablemente ese 10% del PIB resulta poco. Si agregamos a esto los requerimientos de los estados, el gasto total en proyectos podría llegar hasta un 20% del producto interno bruto. Lo anterior, por supuesto, es un cálculo que no contempla la inversión privada que debería ser al menos de otro tanto.
Si en algún momento lográramos aprobar una reforma hacendaria integral, dejáramos de desperdiciar el gasto público y ejerciéramos nuestro presupuesto basándonos en resultados, tal vez en 30 años, no antes, incrementaríamos la recaudación aproximadamente en 20% adicional al PIB de este año.
Entre tanto, ¿cuántas generaciones tendrán que seguir sufriendo las grandes carencias? ¿Cuántas personas más tendrán que seguir sufriendo malos servicios médicos, esperar camas que nunca llegan, recibir análisis clínicos incompletos, mala calidad de las aulas de clase, ausencia de instalaciones deportivas, cárceles inhumanas e ineficientes, malos caminos, escasez de transporte, ausencia de fábricas, y de nuevas fuentes de trabajo?
La única opción para solucionar la restricción financiera que enfrenta el sector público, dado el monto enorme de recursos requeridos, es recurrir a la inversión privada. No nos asustemos, así funciona la mayoría de los países con economías desarrolladas. Esto sólo se puede lograr a través de una Ley de Asociaciones Público Privadas. En realidad, ésta es la esencia de dicha ley.
El proyecto de ley que se discute hoy en día es, en el mejor de los casos, un proyecto tímido. Debería ir mucho más allá, debería considerar la inversión público-privada en fábricas, en proyectos productivos, en educación, en salud, en proyectos sociales, en el sector energético por supuesto. Los proyectos público-privados no pueden restringirse a caminos y puentes, una idea novedosa en la Europa del siglo XIV. Hoy requerimos de grandes proyectos para desarrollar regiones, sectores, grandes empresas. Necesitamos un gasto fuerte para detonar la innovación.
Lo sorprendente es que algunos legisladores, supuestos defensores del bien común, cuestionan esta ley. El discurso es miope y desvelado. La cerrazón ideológica, la pose, así como la concepción patética del bien público y del crecimiento, son las únicas razones por las que las asociaciones público-privadas se “satanizan”. El argumento de que es la puerta trasera para que los grandes capitales se apropien del país es uno de los argumentos más silvestres y reaccionarios que puede haber. Sigamos expulsando a nuestra gente a otro país, sigamos privándolos de una vida plena, mantengámoslos en las carencias en las que viven. Desperdiciemos más el bono demográfico.
No se trata de escoger ganadores. Hay todo tipo de reglas y esquemas para las asociaciones, la imaginación es el límite. Basta de poses. No hay dos países, el público y el privado, el país es uno solo. No podemos seguir sacrificando generaciones. Se trata de que el sector público sea uno con el sector privado, de crear una alianza estratégica por el país, por el bien común.
Director general del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado
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