Samuel García - El Sol de México
México no es Venezuela y Donald Trump no cruzará la línea de una invasión militar, como lo subrayó la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero la captura de Nicolás Maduro marca un antes y un después: Estados Unidos elevó el umbral de lo que está dispuesto a hacer en nombre de su seguridad nacional, encareciendo -política y económicamente- la negociación con México.
La señal desde Washington es clara: Estados Unidos ya no se siente atado a los límites tradicionales de la diplomacia cuando identifica amenazas estratégicas: narcotráfico, regímenes hostiles o control de recursos energéticos. No apunta directamente a México, pero sí reconfigura la relación bilateral y estrecha el margen para una negociación comercial que ya se anticipaba difícil.
En este contexto, el T-MEC deja de ser solo un acuerdo económico y pasa a ser una palanca de presión. Estados Unidos no necesita amenazar con una intervención militar para encarecer la renegociación: basta con endurecer posturas, condicionar avances o dilatar acuerdos bajo el argumento de la seguridad. Para México, la mesa se inclina, con más exigencias implícitas y menos margen para separar comercio, migración y narcotráfico.
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