- El secretario de Estado normaliza el ataque letal de Estados Unidos a una lancha venezolana en el Caribe mientras celebra la “cooperación histórica” con el Gobierno de Sheinbaum
Beatriz Guillén - México - El País
El Gobierno de Donald Trump puede un día lanzar un misil sobre una lancha procedente de Venezuela y matar a sus 11 tripulantes; y al siguiente, afirmar públicamente desde el corazón del Ejecutivo de México —diana habitual de sus amenazas— que va a haber más ataques de este tipo. Esto mientras su secretario de Estado, Marco Rubio, celebra, con el canciller mexicano al lado, “la cooperación histórica” que han alcanzado con la Administración de Claudia Sheinbaum. Cada uno de estos actos encajan en la narrativa que Trump ha impuesto en la región, reducida a una premisa básica para el mandatario: sea en forma de aranceles o disparos, el bastón de mando lo sigue teniendo él.
Desde su primer día de regreso a la Casa Blanca, Trump decretó designar como organizaciones terroristas a seis cárteles mexicanos y a dos pandillas, la venezolana del Tren de Aragua y la centroamericana de la Mara Salvatrucha. Cuando a principios de agosto, el presidente republicano ordenó a las fuerzas armadas estadounidenses combatir a los carteles de droga en el extranjero, las alarmas sonaron rápido en Venezuela y México. Las dos medidas del presidente apuntalaban el camino a una ilusión vieja del ala dura trumpista: una intervención militar bajo la justificación de luchar contra el narcotráfico.

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