- Viajar en la nueva aerolínea estatal está lejos de calificarse como desastroso, pero hay factores que hacen evidente que la compañía apenas ha operado tres meses.
Diana Nava - Expansión
Son las 16 horas, es lunes, y la fila para el mostrador de Mexicana de Aviación en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) está vacía. La aerolínea estatal no ofrece la posibilidad –como sí lo hacen el resto de sus competidores– de tramitar el abordaje en una aplicación o página web.
Mexicana aún no ofrece códigos QR o boletos digitales. Para subir al avión hay que formarse frente al mostrador, enseñar una identificación –como en cualquier otro proceso– y recibir a cambio un boleto impreso. Documentes o no equipaje, tienes que hacerlo, ya que no es posible acceder al área de seguridad ni a la sala de abordaje sin antes haber hecho esa fila que ya es posible omitir si es que el pasajero viaja ligero, como fue este caso.
Hacer el check-in no toma mucho tiempo. El AIFA está prácticamente vacío y la poca afluencia hace que cada lugar sea fácil de encontrar. Ninguna de las aerolíneas que ahí operan –ya sea Mexicana, Volaris o Viva Aerobus– tiene algún tumulto de personas esperando a ser atendidas. Apenas dos o tres pasajeros en las filas.

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