- Pese a una inflación disparada, caen las principales partidas de gasto público
- Las pensiones caen un 32,5% y el salario mínimo, un 30%
- Es la primera vez que se consigue desde el 2008 y la séptima desde la Segunda Guerra Mundial
Víctor Ventura - elEconomista.es
Cuando Javier Milei ganó las elecciones presidenciales en Argentina, dejó claro que tenía un objetivo innegociable: cuadrar las cuentas del Estado y así no tener que imprimir más dinero público para compensar el déficit. La teoría económica apunta a que la principal causa de la inflación es esa creación constante de dinero, y la primera condición para detener el alza de precios es poner fin a ese ciclo. Y para ello, el presidente ha sacado la motosierra, recortando el gasto costara lo que costara. Y las principales víctimas han sido los jubilados, que no han visto revalorizada su pensión con el IPC, y la educación, que ha visto su partida casi evaporarse: un 95% menos.
El Gobierno argentino publicó un comunicado celebrando un superávit de 518.000 millones de pesos (unos 518 millones de euros al tipo de cambio del mercado negro, de casi 1.000 pesos exactos por euro) en enero, o un 0,2% de su PIB, incluyendo el pago de unos 1.400 millones de euros en intereses por la deuda. Un hito que solo se ha producido en 6 ocasiones desde la II Guerra Mundial, en concreto durante el Gobierno de Néstor Kirchner y los dos primeros años de Cristina Fernández de Kirchner (2003-2008).

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