Rolando Cordera Campos - Periódico La Jornada
Las noticias que vienen de Europa y de nuestro norte no son halagüeñas. Parecen confirmarnos una idea extrema: hemos entrado a una suerte de crisis final, larga y tortuosa del capitalismo como sistema único, como lo ha sugerido el economista Branko Milanovic, pues lo único que uno encuentra es una proclividad para caer en dañinas, incluso destructivas, recesiones acompañadas una y otra vez por la inflación, sin mayores capacidades de reconversión, restructuración y reaprendizaje por parte de unas clases dirigentes necias y arrogantes.
No hay razones suficientes para pensar que podríamos aspirar a vivir próximamente una nueva edad de oro del capitalismo, como llamaron al periodo que se configuró tras el fin de la Segunda Guerra y que, desde las grandes crisis financieras de 2008-2009, se desfiguró.
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