Por Luis Miguel González - El Economista
El pleito está cantado. En una esquina, AMLO. En la otra esquina, la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece). El detonador fue el anuncio de la presidenta de la Cofece, Andrea Marván Saltiel, de que el organismo revisa la compra de las plantas de Iberdrola. La respuesta del presidente de la República fue durísima: “Nosotros también estamos revisando con lupa lo que hacen estos organismos. Al grado que voy a proponer en el paquete de iniciativas de reforma que desaparezcan todos estos organismos que crearon para proteger a particulares y afectar el interés público", advirtió.
El combate no es parejo. Es el jefe del Estado mexicano vs un organismo con tres décadas de historia y un presupuesto relativamente pequeño, alrededor de 687 millones de pesos anuales, el segundo más bajo entre los órganos reguladores. ¿Pequeño? Tengo en mente los 624 mil millones de pesos anuales de Pemex o los 493 mil millones de la CFE. Pongo a la vista los presupuestos anuales de las dos mayores empresas del Gobierno para poner en escena dos actores económicos a los que la Cofece está investigando. El presidente no lo dijo, pero dio a entender que es desleal o algo peor que un organismo financiado con dinero público se convierta en un obstáculo para Pemex o CFE. Cuando digo que el combate no es parejo, pienso en el poder del presidente, pero también en el abismo presupuestal. Un año de la Cofece nos cuesta lo mismo que ocho horas de Pemex.
No hay comentarios:
Publicar un comentario