- Digan los que digan los ciudadanos en las encuestas, se comportan como si vivieran en una país próspero y seguro
Un hombre toma una fotografía en Times Square, Nueva York, el 25 de diciembre de 2023. EDUARDO MUNOZ (REUTERS)
Paul Krugman - El País
Han pasado casi cuatro años desde que la covid-19 azotó el mundo. En Estados Unidos, la pandemia mató a más de un millón de personas y dejó a varios millones con problemas de salud persistentes. Gran parte de la vida normal se detuvo, en parte debido a los confinamientos oficiales, pero sobre todo porque el miedo a la infección mantuvo a la gente en casa. En los años siguientes, la gran incógnita era si el país se recuperaría por completo de aquella crisis. En 2023 obtuvimos la respuesta: sí. De hecho, nuestra economía y nuestra sociedad se han recuperado extraordinariamente bien. La gran pregunta que queda es cuándo estará la opinión pública preparada para aceptar las buenas noticias, si es que alguna vez llega a estarlo.
A corto plazo, por supuesto, la pandemia tuvo graves repercusiones económicas y sociales. El empleo cayó en 25 millones en cuestión de semanas. Las enormes ayudas públicas redujeron las dificultades económicas de las familias, pero mantener el poder adquisitivo de los estadounidenses ante una economía alterada significó que la demanda superaba a menudo a la oferta, y la consecuencia de ello fueron unas cadenas de suministro sobrecargadas y el estallido de la inflación. Al mismo tiempo, la pandemia limitó las relaciones sociales y dejó a muchas personas aisladas. El coste psicológico es difícil de medir, pero el debilitamiento de los lazos sociales contribuyó a una serie de tendencias negativas, como el aumento de los delitos violentos.

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