Por Enrique Campos Suárez - El Economista
Cuando se desató en México la crisis de diciembre de 1994 la gran mayoría de los ciudadanos se quedaron sorprendidos del tamaño del impacto que tuvo en la economía, porque realmente nadie atendió las señales que, hasta después de estallada la bomba financiera, todos pudimos ver.
Esa dolorosa lección de malos manejos financieros y opacidad en la información de las finanzas públicas sirvió para que los gobiernos posteriores, esos que el régimen populista actual llama como neoliberales, procuraran transparencia y la autonomía de la autoridad monetaria.
A pesar de los intentos actuales por centralizar y opacar los datos públicos, existen elementos suficientes como para encender a tiempo los focos amarillos de alerta en materia económico-financiera.
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