Lorenzo Meyer - Diario de Yucatán
En el último medio siglo hay dos “11 de septiembre” trágicos de gran significado político y resultado de conspiraciones largamente incubadas, bien financiadas, fruto de concepciones extremistas e intolerantes que por la vía de acciones espectacularmente violentas buscaron incidir en el desarrollo de procesos regionales y globales de lucha por el poder.
Uno es el protagonizado en 2001 por el saudita Osama bin Laden y la organización Al Qaeda para destruir de manera espectacular las Torres Gemelas de Nueva York y el Pentágono e iniciar una Jihad o guerra santa del mundo islámico contra los Estados Unidos, “enemigo de Dios, de su mensajero y de los musulmanes”.
El otro “11 de septiembre” es resultado de una tortuosa conspiración generada por la Guerra Fría e impulsada por la alianza de la derecha chilena con agencias del gobierno norteamericano para impedir que Salvador Allende ganara la presidencia de su país.
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