Jorge Zepeda Pattereson - Diario de Yucatán
Invariablemente se refiere a él como el licenciado Peña Nieto o presidente Peña Nieto. Para Andrés Manuel López Obrador el resto de los mandatarios de los últimos 30 años simplemente son Salinas, Zedillo, Fox o Calderón, y normalmente son invocados con algún adjetivo peyorativo. No así su inmediato antecesor.
La razón la ha explicado una y otra vez: “tengo que reconocer que el presidente Peña, a diferencia de los otros dos presidentes, no se metió, es decir, no aceptó hacer trampas y respetó la voluntad del pueblo de México, eso no lo voy a olvidar”, dijo el jueves en medio de los elogios vertidos al gobernador priista del Estado de México Alfredo del Mazo.
El problema es que sí decidió olvidar, por lo menos de cara a la tribuna o a los tribunales, las tropelías del gobierno más frívolo y corrupto de la época moderna. La última administración priista fue la versión política más claramente organizada para expoliar al Estado en beneficio de una camarilla de empresarios y contratistas vinculados a los gobernantes.
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