Carlos Alberto Martínez Castillo - El Economista
En la colaboración anterior argumentamos la desgracia que ha sido para nuestro país que desde 1970 a hoy no se haya crecido más de 1%; han sido seis décadas en las que lo que avanza un gobierno el siguiente lo pierde. Hemos sido incapaces de establecer una ruta permanente de crecimiento sostenido en la que los ciclos económicos sean lo suficientemente controlables como para que el bienestar social sea perdurable. A la tragedia económica podemos agregar la concentración excesiva de la poca riqueza que se ha generado en la historia de nuestro país. Mientras que en Europa y posteriormente en EU, la atención, esfuerzo e incentivos se alineaban al desarrollo de patentes e investigación científica para generar bienes de gran valor; en México todo se enfocaba en determinar quién era el beneficiario de la explotación de los recursos naturales para precisamente venderlos a quienes los utilizarían mejor. Así, nosotros establecíamos acuerdos cupulares entre un reducido y selecto grupo de personas a las que no se les puede llamar empresarios y, los gobernantes en turno para recibir el beneplácito de las concesiones mineras y de comunicaciones; los euroamericanos creaban la locomotora, los hornos para fundir grandes cantidades de metales, el elevador, los autos, locomotoras, aviones y una poderosa industria farmacéutica encabezada por el descubrimiento de los antibióticos.
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