Periódico La Jornada
En una operación que significó la tercera quiebra de un banco estadunidense en menos de dos meses, el lunes JP Morgan absorbió el First Republic Bank. En ese momento, las autoridades de la Reserva Federal (banco central) y de JP Morgan, la mayor entidad bancaria de Estados Unidos, anunciaron que el rescate del First Republic ponía fin a las turbulencias que ha vivido el sistema financiero en las semanas recientes. Sin embargo, ayer las acciones de PacWest Bancorp se hundieron casi 50 por ciento desde un precio que ya era la quinta parte del registrado el 8 de marzo. Con la posibilidad de que ésta y otras compañías se declaren en quiebra en los próximos días, se reavivaron los temores de un colapso bancario generalizado.
Si bien estas quiebras han respondido a distintos factores, que van desde el alza de las tasas de interés hasta la exposición a activos de alto riesgo como las criptomonedas, existe un componente político insoslayable. Tras la crisis de 2008, cuando la gestión irresponsable de hipotecas y derivados financieros en el sistema bancario estadunidense causó estragos en la economía global, el gobierno de Barack Obama estableció una serie de regulaciones destinadas a acotar las prácticas nocivas de los banqueros. La principal de esas medidas fue la Ley Dodd-Frank de Reforma de Wall Street y Protección al Consumidor, en la que se obligaba a los bancos a reforzar su solvencia.
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