- Es una guerra que viene acompañada de las armas nucleares vencidas y carcomidas por el peligro de la corrupción y la especulación.
Antonio Mavalón - El Financiero
Ya inició. La caída del Muro Berlín, lo que Francis Fukuyama en su momento denominó como el fin de la historia, no fue nada más –como era previsible y como se repite constantemente la experiencia sobre el comportamiento de la condición humana– que el final de una etapa y el comienzo de otra. El comunismo –que tanto auge estaba teniendo durante la Guerra Fría– no solamente se desvaneció por las leyes y el comportamiento del mercado capitalista, sino que en el momento en que las personas de la parte oriental del muro vieron ante sí la posibilidad de tener tantos bienes y capitales, la ambición terminó por superar la realidad en la que vivían.
En resumidas cuentas y sin profundizar mucho, lo que Marx buscaba era eliminar las clases sociales y crear un mundo en el que todos fuéramos iguales, dándole una autonomía completa a los seres humanos sobre su destino. De ahí que el comunismo tuviera tanto auge en una sociedad como la rusa que venía de un periodo de aristocracias y en el que era muy evidente la división de clases y la supremacía de unos sobre otros. Sin embargo, la caída de Muro de Berlín no sólo supuso el derrumbamiento físico de una frontera que dividía a amigos y familiares, sino que –inconscientemente– fue el triunfo de la ideología capitalista frente a la comunista. Aunque también fue la prueba de que, si bien políticamente había fracasado, como experimento de comportamiento humano sí podía triunfar.
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