- El jefe de Morena en el Senado, sumido en una batalla intestina por la carrera presidencial, adelanta a EL PAÍS que saldrá de la formación si el método de elección interna es una encuesta organizada por el partido
David Marcial Pérez - México - El País
Hasta hace un año y medio, Ricardo Monreal desayunaba una vez al mes en Palacio Nacional. Aquellos tamales con jugo de naranja eran la prueba de una sintonía personal entre Andrés Manuel López Obrador y uno de sus más veteranos y efectivos operadores políticos. Tras más de 25 años juntos, el jefe de la bancada de Morena en el Senado ha sido clave para sacar adelante proyectos bandera del presidente como la reforma judicial o la eléctrica. Pero en junio del año pasado se destapó la caja de la sucesión presidencial y la carrera por el poder ha convertido ahora al curtido aliado en un compañero cada vez más incómodo.
Desde el inicio del proceso, Monreal se ha sentido ninguneado frente a los tres favoritos del presidente: Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López. La tensión ha ido escalando, entre graves ataques cruzados dentro de Morena, hasta colocar al senador con un pie fuera de partido. Monreal lleva semanas negociando con la oposición una posible candidatura presidencial mientras continúa siendo la bisagra morenista en el Senado. Desde uno de los salones de juntas de la Cámara, recibe a EL PAÍS para dar detalles de su estrategia a dos bandas, que prevé continuar hasta al menos el próximo verano. Su línea roja para dejar el partido será el método decidido para elegir al candidato: “Si el partido decide que sea una encuesta elaborada por ellos, yo no iré. Sería una farsa”.

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