- Al menos 23 muertes en dos meses, más de 70 contagios, 1.800 personas en riesgo, siete prófugos y una ciudad en vilo ante una enfermedad sin precedentes médicos
Familiares de víctimas de meningitis aséptica se manifestaban para exigir justicia, el 25 de noviembre en Durango (México). LEÓN ALVARADO
Alejandro Santos Cid - Durango - El País
Laura Verónica Rosales está en la antesala de la muerte. El cuerpo sigue vivo, pero su cerebro se apagó el miércoles. La mujer, de apenas 30 años, está en un limbo existencial, legal y estadístico: hasta que no se pueda certificar oficialmente como una defunción, Rosales no integrará la lista de decesos por el brote de meningitis aséptica que tiene en vilo a Durango desde mediados de octubre. Si nadie se le adelanta, será la persona número 24 en fallecer por la enfermedad, —hasta el momento van 22 mujeres y un hombre—, que se originó en cuatro clínicas privadas de la ciudad, a unos 900 kilómetros al noroeste de Ciudad de México. “Mi hija duró dos semanas bien, platicábamos, comía, le daban tratamiento… Pero hace 14 días tuvo un derrame. Antier le diagnosticaron muerte cerebral. Ya solo tiene un ventilador y un medicamento para controlar la presión”, cuenta Enrique Rosales (49 años), su padre, entre dos tráileres que ofrecen alimentos, ropa y apoyo psicológico a las puertas del Hospital General 450, el centro público que se ha convertido en el epicentro de la lucha contra la meningitis.

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