domingo, 4 de diciembre de 2022

¿CULTO A LA PERSONALIDAD?

Jorge Zepeda Patterson - Diario de Coahuila

¿Líder? ¿Cacique? ¿Guía? ¿hasta qué punto el obradorismo es un movimiento social con peso propio y qué tanto es fervor personalizado en torno a un líder carismático? ¿Es ambas cosas? El malestar de amplios sectores en contra de lo que ofrecían PRI y PAN no la inventó el ahora presidente, desde luego, más bien fueron las élites, convencidas de que su prosperidad era compartida por el resto de los mexicanos, lo que generó una masa cada vez más crítica. Lo que hizo López Obrador fue ofrecer un cauce político y electoral sin el cual toda esta inconformidad no se habría traducido en un voto masivo de rechazo al modelo anterior.

El carisma del tabasqueño, su sensibilidad para entender y expresar los reclamos y esperanzas de tantos, fueron clave en la construcción de un movimiento político y social que ha tomado por asalto el poder. Resulta fácil entender esta identidad entre mayorías y líder, cuando se observa el desgaste de la clase política tradicional y su progresivo alejamiento de los intereses de los sectores populares. Como bien se ha dicho, para Enrique Peña Nieto un fin de semana ideal consistía en jugar golf con sus amigos; para AMLO, recorrer media docena de localidades pobres y hablar con sus habitantes. Sus detractores asumen que este “baño de pueblo” remite a una actitud oportunista y cínica. Una más de las interpretaciones simplistas que han llevado a la oposición a subestimar al presidente y explican en parte la incomprensión del fenómeno que entraña el obradorismo, algo que ha llevado a sus adversarios a perder tantas batallas políticas. Cualquiera que se haya tomado la molestia de revisar la trayectoria de AMLO entenderá que su identidad con el México profundo es un asunto tan vocacional como biográfico.

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