Serpientes y Escaleras
Salvador García Soto - Expreso
Las elecciones de ayer domingo resultaron totalmente predecibles de acuerdo con las encuestas: cuatro en poder de Morena (Oaxaca, Quintana Roo, Hidalgo y Tamaulipas) y dos para la Alianza Va Por México (Aguascalientes y Durango). El estado que pudo haber hecho la diferencia y haber empatado 3-3 en los resultados de las seis entidades en disputa fue Tamaulipas, pero al final no sucedió. Y aunque aún vendrán las inconformidades y denuncias postelectorales, lo que quedó claro en estos comicios es que, a la oposición, por más alianzas y esfuerzos que hacen, no les alcanza todavía para derrotar a Andrés Manuel López Obrador.
Porque, más que Morena, quien sigue ganando elecciones es el presidente, su imagen y sus apoyos sociales y económicos —con el uso del aparato y los recursos del Estado como programas de voto clientelar—, que está demostrando ser una maquinaria electoral efectiva, capaz de garantizar el triunfo aun a candidatos anodinos y sin carisma por el puro efecto de la aprobación presidencial. La alianza opositora funciona y prueba de ello es que logró rescatar dos gubernaturas, una para el PAN y otra para el PRI, pero el entramado político-electoral que está construyendo López Obrador, cada vez se parece más al viejo aparato de la era priista.
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