- Sólo entendiendo la mitomanía seductora del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, se explica la forma como ha embaucado al fiscal general, Alejandro Gertz Manero
Raymundo Riva Palacio - El Financiero
Si algo hay que resaltar de Emilio Lozoya, es que es un extraordinario encantador de serpientes. Envuelve con su plática, dice lo que los otros quieren escuchar, les hace promesas que los emocionan y los lleva a soñar. Así lo hizo con el presidente Enrique Peña Nieto, a quien tenía embelesado Lozoya. Sólo entendiendo la mitomanía seductora del exdirector de Pemex se explica la forma como ha embaucado al fiscal general, Alejandro Gertz Manero, en el maxiproceso azteca contra funcionarios del viejo régimen, pero que tiene un antes y un después de la cena del Hunan el sábado pasado.
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