Federico Reyes Heroles - El Siglo de Torreón
"Sólo le pido a Dios/ que el dolor no me sea indiferente" Las escenas nos desgarraron. Pero desde hace meses son cotidianas, se incorporan a nuestras vidas. Cierta comodidad emocional corrompe. Enterramos la empatía. Acaso ya no queremos sentir.
Sabemos lo que ocurre, pero lo dejamos ir. No podemos asumir el dolor. Pero por ahí… a dónde vamos. Agentes del Instituto Nacional de Migración persiguiendo, golpeando, pateando a un padre. El hijo de 10 o 12 años, se cubre el rostro. Huyen aterrados. La misma Guardia irrumpiendo en un improvisado dormitorio. Las familias corren despavoridas. Hay varios niños perdidos. ¿Y la CNDH? Human Rights Watch reporta además la irrupción en casas, agresión a periodistas y separación de familias. ¿Qué es esto? ¿Qué haríamos sin las OSC abocadas a la tragedia? Los colores de nuestra bandera van en los brazos de la GN. Qué vergüenza. La madre frente al cuerpo de su hija, hice lo que pude. "…que la reseca muerte no me encuentre/ vacía y sola sin haber hecho lo suficiente…"
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