- El país que en 2008 eligió a un afroamericano como presidente necesita una revolución mental
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Varios manifestantes son custodiados por la policía en FIladelfia durante las protestas por la muerte de George Floyd. BASTIAAN SLABBERS / REUTERS
El rostro de la brutal y lenta muerte de George Floyd, perpetrada en Mineápolis por un policía, pone en evidencia, una vez más, la profunda enfermedad cultural consustancial al modelo de vida en común norteamericano.
La sublevación antirracista que se extiende ahora en grandes ciudades del país, las cínicas reacciones de Donald Trump que, al tiempo que decreta un estado de sitio militar, tacha a los ciudadanos horrorizados por el crimen de estar manipulados por “la extrema izquierda”, acaban de demostrar que el país que eligió en 2008 a un afroamericano como presidente sigue siendo estructuralmente racista. Todo el inmenso trabajo de modernización.
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