Rolando Cordera - El Financiero
Antes de que Alfonso Ramírez Cuéllar sea condenado al ostracismo y una falange de pudientes queme sus ideas en la hoguera, vale la pena abordar lo que está en el fondo de su infortunada intervención pública. No es un asunto baladí que pudiera obedecer a planes confusionistas para desviar la atención que los desaciertos y excesos de su gobierno han concitado. Se trata, en verdad, de una oportuna llamada de atención sobre nuestra infausta e insoslayable realidad individual y colectiva.
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