Desde diferentes ópticas se lanzan llamados a modificar la actitud presidencial para incluir, en su visión, actos y discurso, al conjunto de los mexicanos. Se parte de considerar, como cierta, que la existente narrativa es parcial, incompleta y hasta polarizante, situación harto complicada que en nada ayuda a la convivencia y sí tensiona el ambiente general. Se sostiene con vehemencia que va quedado fuera de la mirada gubernamental extensa parte de los ciudadanos. Y son, esos excluidos, precisamente aquellos que tienen y manifiestan posiciones divergentes de la oficial. No importa si el conjunto humano referenciado en el discurso y las acciones presidenciales sean, o no, efectivamente mayoría. Los urgidos llamados, expresados en el ámbito público, se sustentan en una concepción que abarque, sostienen enfáticos, a toda la población del país. Las minorías, por tanto, tienen que ser consideradas para dar debido sustento a la idea y práctica democrática. Aunque, en efecto, tales minorías hayan contado, de manera consistente y durante décadas, como objetivo primordial del excluyente modelo hasta hace poco vigente.
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