Tajante, el presidente López Obrador negó condonaciones o posposiciones fiscales a las empresas y, una vez más, rechazó todo tipo de rescate que pueda recordar al tristemente célebre Fobaproa. Cancela cualquier posibilidad de abrir brecha en el campo de la acción compensatoria del Estado y, en buena medida, de toda promoción económica que pueda oler a tratamiento favorable, desde el fisco o la acción pública directa, para sacar a empresas y empresarios del hoyo.
Si el negocio cierra, que apechuguen los dueños, ha dicho. Sin tomar en cuenta que hoy no es fácil distinguir entre quie-nes quiebran porque no tenían remedio en cualquier circunstancia, los que naufragan porque venían dañados del estancamiento, y los que bajan la cortinilla porque el confinamiento se les impuso sin apelación.
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