- China y EE UU limitan la escalada pero no vuelven a la (mejor) situación previa
El reciente acuerdo entre EE UU y China es más bien una tregua en su guerra comercial y un armisticio —por el que ambos gigantes se comprometen a reducir algunos de los daños que ya se han inferido mutuamente y, en todo caso, a no aumentar sus hostilidades— que un verdadero tratado de paz.
Ese carácter limitado del pacto no implica que no pueda surtir efectos positivos para el comercio mundial, que se ha resentido gravemente de esa guerra en 2019. Y aunque se trata solo de la primera fase de un acuerdo más global, que condiciona el inicio de la segunda etapa a su buen fin completo, es poco discutible que contribuirá de momento a la recuperación de los intercambios.
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