- El endurecimiento de las políticas migratorias del Gobierno mexicano ha multiplicado las barreras invisibles de la frontera sur del país, más de 1.000 kilómetros que miles de migrantes intentan cruzar para llegar a Estados Unidos

Antes de llegar a la estación migratoria de Bethel, la policía guatemalteca ya nos había asaltado dos veces.
Habíamos recorrido 134 kilómetros en un autobús repleto de migrantes indocumentados y de coyotes. En aquel viaje, ninguno de los casi 40 pasajeros tenía documento alguno que le autorizara a caminar por Guatemala y, desde luego, ninguno que le permitiera entrar de forma legal a México. Todos, sin embargo, habían atravesado Guatemala entera durante dos días y todos entrarían a territorio mexicano esa misma tarde. Pero antes había que pagar y si algo quedó claro en aquel camino de tierra que bordea la Reserva Natural Sierra de Lacandón, en Petén, es que los policías están ahí para eso: para cobrar.
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