- El no necesitar el dinero no convierte a un candidato en inmune a sus peligrosos encantos
En general, los extremos en política no son buenos. Y no solo en cuestión de ideologías, sino también en cosas del dinero. Si de entrada resulta más que sospechoso el que una persona entre en política para hacerse rica –algo que, claro está, jamás reconocerá en público-- tampoco debería ser particularmente tranquilizador que alguien se lance a la arena pública esgrimiendo como argumento de incorruptibilidad el que posee tanto dinero que no necesita –por decirlo llanamente- meter la mano en la caja común.
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