- La Fiscalía da prioridad a supuestos vínculos con el crimen organizado, mientras sus allegados apuntan a su labor de activista como móvil
La investigación sobre el asesinato del activista mexicano Samir Flores ha tropezado con una cartulina. Diez días después de su muerte, todavía no hay detenidos y se mantienen dos hipótesis enfrentadas: la que vincula el suceso al crimen organizado y la que lo relaciona a su activismo contra la puesta en marcha de una central termoeléctrica. La Fiscalía del Estado de Morelos ha dado más validez a la primera, mientras organizaciones de activistas y familiares defienden la segunda. En el centro de la polémica hay una cartulina, de origen y paradero incierto, en la que un grupo criminal se atribuye el asesinato.
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