domingo, 3 de marzo de 2019

OBSESIONES

Luis Rubio - El Siglo de Torreón

A la memoria de Leonor Ortiz Monasterio.

Todos los gobiernos del mundo, de todos colores, quieren inversión del sector privado, pero ninguno la puede lograr por la fuerza. Nadie -chico o grande, nacional o extranjero- asume riesgos o compromisos sin sentirse cómodo y bienvenido y eso de las sensaciones no depende del discurso político ni de la voluntad del gobernante, sino de la existencia de reglas claras y confiables. Así de fácil y así de difícil. La noción de una “obsesión” por la inversión suena altisonante y atractivo, pero es una quimera. Nadie se obsesiona por invertir. Quien debiera obsesionarse es el político que necesita la inversión privada para lograr sus objetivos de desarrollo, disminución de la pobreza, empleo y, en general, una mejoría generalizada de la vida de la población. Pero una obsesión política o discursiva es anatema para la inversión privada: la clave radica en la confiabilidad de las reglas.

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