Periódico La Jornada
El estallido del ducto en Tlahuelilpan, cuyo trágico saldo luctuoso aún no ha sido enteramente cuantificado, evidencia con crudeza el alcance que el robo de combustible ha llegado a tener en amplios sectores de nuestra sociedad. Desde luego, la actividad de los llamados huachicoleros ocasiona la mayor sangría de hidrocarburos que sufre Petróleos Mexicanos, incluidos en ese rubro desde quienes extraen enormes volúmenes de gasolina mediante la ordeña de ductos, hasta quienes desde el interior de la empresa facilitan esas operaciones ilegales o en el mejor de los casos fingen ignorarlas. Pero numerosos episodios –de los cuales el registrado el viernes en Hidalgo es el más dramático– demuestran que el fenómeno delictivo ha echado profundas raíces en una parte considerable de la población.
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