León Bendesky - Periódico La Jornada
Las escenas que pueden verse de la explosión en Tlahuelilpan son una expresión más del profundo rompimiento social que se ha provocado en México, sobre todo en los pasados dos decenios.
En este tiempo nos hemos confrontado con reseñas, imágenes y testimonios de las repercusiones del tráfico de drogas, los secuestros, la violencia desatada, las fosas llenas de cadáveres, los homicidios –en especial feminicidios– y la corrupción. Y ahora las consecuencias del huachicol, que se ha convertido en gran negocio ilegal de mafias de todo tipo, toleradas por anteriores gobiernos y por Petróleos Mexicanos.
Lo ocurrido en ese municipio de Hidalgo el viernes pasado obliga otra vez a reflexionar sobre la degradación que pesa sobre esta sociedad. Una fuga provocada en un importante ducto de gasolina se convirtió en una tragedia que costó la vida a decenas de personas y dejará una marca más allá de esa población.
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