- Aunque hace solo cuatro años le veía como un radical populista, Bruselas le ensalza ahora como estadista por la aplicación del rescate y el histórico acuerdo con Macedonia
Maria Antonia Sánchez-Vallejo - Madrid - El País
Alexis Tsipras nunca ha perdido el norte, ni la perspectiva, pese a todos los obstáculos que le han salido al paso en cuatro años de mandato, que celebrará —tiene buenos motivos para ello— el próximo día 25. Magullado pero invicto, el primer ministro griego ha superado esta semana una moción de confianza tras la ruptura de su coalición de Gobierno por diferencias irreconciliables acerca del acuerdo con Macedonia, y confía —está seguro— en ratificar dicho acuerdo en el Parlamento, aun con el 70% de la población en contra según el último sondeo publicado. Consciente de que su mandato pasará a la historia por este acuerdo histórico y por evitar el descarrilamiento de Grecia de Europa —sin olvidar la gestión de la mayor crisis migratoria en tiempos de paz en el Viejo Continente—, Tsipras mira al frente, a largo plazo, concentrado en el porvenir y obviando los numerosos baches como simples gajes del ingrato oficio de gobernar. En su manera de ejercer el liderazgo —quién puede dudar ya que es un verdadero líder, ahora que Europa rehabilita su figura—, ha demostrado que poder equivale a templanza, y viceversa.
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