- El estéril bombardeo de EE UU, Francia y Reino Unido consolida el poder de Putin y El Asad
Si no hubiera 500.000 muertos y Siria no hubiera degenerado en el paisaje desolado de Chechenia, podría citarse el sketch de Gila sobre la guerra. Y evocar las interrogaciones del pasaje que lo introducía: ¿es el enemigo? Que se ponga. Y el enemigo, Putin con el disfraz de Bachar El Asad, se ha puesto al otro lado de la línea, sin ánimos de represalia, casi enternecido por la parodia de ardor guerrero en que han incurrido Donald Trump, Theresa May y Emmanuel Macron, coreografiando una operación de propaganda que, en realidad, refuerza y conforta a los adversarios.
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