Raymundo Riva Palacio - El Financiero
El hito de que Andrés Manuel López Obrador ha tenido una evolución política lleva tres semanas crujiendo. Tres elecciones presidenciales y sigue siendo el mismo de siempre. Ha sido congruente y consistente, sin desviaciones ni matices. Es cierto que el fundamentalista de 2006 se quedó en el pasado, pero la ruta tomada desde 2012 para convencer a un electorado que le es antagónico y romper su techo de 30% para tener los votos que le permitan llegar a Palacio Nacional parece haber llegado a su fin, quizá porque la lectura prematura de las tendencias de voto actuales le permite mostrarse como realmente es y sin necesidad de hacer concesiones, y el electorado lo quiere como el hombre de la contrarreforma, el estatista y con proyectos viejos vestidos de nuevos.
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