Como el presupuesto es política pura, el destino del gasto público del gobierno de Donald Trump ha definido ya con claridad los objetivos de su gobierno de cuatro-ocho años: no revivir un movimiento conservador-neoconservador, sino encabezar una verdadera contrarrevolución tradicionalista que ha preocupado inclusive a la derecha institucional.
Hasta ahora Trump ha fijado dos parámetros de referencia: los valores de los puritanos que fundaron los EE.UU. en la primera mitad del siglo XVII y que llegaron en el Mayflower con los valores de la breve republica inglesa de la Revolución Gloriosa que guillotinó al rey Charles I y el objetivo de destruir la revolución liberal de 1963 del gobierno de Lyndon Johnson.
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