Si bien la estridencia le está abriendo expectativas al PAN, al PRD y a Morena en las elecciones de gobernador del Estado de México, al final de cuentas la victoria estará sustentada en tres variables: el saldo negativo del gobernador saliente, el aparato electoral articulado al sistema y la fragmentación del voto opositor.
En este sentido, los primeros análisis sobre la elección mexiquense favorecen al PRI; y no por ser el mejor partido o tener al mejor candidato, sino porque tiene a su favor las tres variables: Eruviel Avila no es Javier Duarte o Roberto Borge, el PRI estatal es una subsecretaría invisible de la Secretaría de Desarrollo Social y ésta está dirigida por un mexiquense y el voto contra el PRI se va a dividir entre tres opositores y la abstención.
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